El peso de Dios


Confieso que las sotanas me ponen. Y no lo digo con ánimo de ofender a nadie sino al contrario, por compartir un gusto, una inclinación, una fantasía erótica con ustedes. ¿Cuándo comenzó esta afición mía por los hábitos? Seguramente en la infancia, como casi todo.

Más información: Es Sexo - El Español


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